Presento una nueva sección del blog que, presiento, ¡te va a gustar!

La voy a titular: “historias animales“, por razones obvias.

¿De qué va? Pues en esta sección te voy a presentar historias increíbles, pero reales, de animales.

Y la primera entrada se la voy a dedicar, cómo no, a Hachiko, un perro de la raza Akita Inu.

¿Conoces esta historia? ¡Seguro que sí! Si no… sigue leyendo que te gustará… y entristecerá. Bueno, si la conoces también puedes seguir con el post (😉), que nunca va mal recordar este tipo de historias.

De Hachiko se podría decir que es el perro más famoso de la historia de Japón y, problablemente, del mundo. Al menos de la historia contemporánea. A él le han dedicado estatuas, libros, películas…

¡Vaya, que es más conocido que cualquiera que esté leyendo (o escribiendo) esto!

¿Cómo comenzó todo? Pues bien, érase una vez…

El origen

Hachiko, o “Hachi”, como se le conocía de manera cariñosa, nació en la ciudad de Ōdate, localizada en la prefectura de Akita (Japón).

Era un perro que hacía honor a donde nació, puesto que pertenecía a la raza Akita Inu, que es una de las razas más antiguias que existen.

Hasta allí viajo Eizaburo Ueno, un profesor de agricultura de la Universidad de Tokio, para adoptarle, aun siendo un cachorro.

Parece ser que la razón por la que adoptó a Hachiko fue debido la recomendación de un alumno. Y suerte que le hizo caso, porque desde entonces fueron, como diría Forrest Gump, “como uña y carne”.

Hachiko iba creciendo…

… y su lazo con Eizaburo también.

Hasta tal punto que Hachiko comenzó a acompañarle, cada mañana, a la estación de Shibuya, en Tokio, donde el profesor se subía al tren que le llevaba a la universidad, y cada tarde iba a buscarle al mismo lugar.

¿Puedes imaginar qué sentiría, el profesor, cada vez que volvía del trabajo y veía allí sentado a Hachiko, esperándole, para volver juntos a casa?

Un día (el 21 de mayo de 1925), sin embargo, cuando Hachiko tenía una edad aproximada de dos años, Eizaburo nunca volvió.

Mientras se encontraba dando una clase en la universidad, sufrió un paro cardíaco que acabó con su vida a la edad de 53 años.

Hachiko, sin saber que ocurría, fue a la misma estación y esperó, esperó… y esperó. Pero nunca volvió a ver a su dueño.

La esperanza es lo último que se pierde

Por razones difíciles de explicar, Hachiko jamás perdió la esperanza.

Cada día, tanto por la mañana como por la tarde, el Akita iba a las mismas horas a la estación, a pesar de que ya no vivía con la familia del profesor, sino con un antiguo trabajador la casa de éste.

Lógicamente, la gente que pasaba por la estación comenzó a preguntarse qué hacía siempre ese perrito ahí sentado.

Hachiko esperaba en la estacion de Shibuya

Uno de ellos, un periodista, decidió indagar más en la historia y acabó escribiendo un artículo dedicado a Hachiko, en 1932.

Articulo original de Hachiko

La historia impresionó tanto a los japoneses que comenzaron a llamarle “Hachi – el perro fiel”. No sólo eso, sino que la historia se fue haciendo cada vez más famosa fuera del país.

Tanto que gente de todo el mundo comenzó a visitar a Hachiko a la estación, para saludarle y darle su cariño.

Como muestra de reconocimiento, los japoneses decidieron hacerle una estatua en la estación… ¡estando el animal presente!

Estatua de Hachiko en la estación de Shibuya

Hoy en día, esta estatua se ha convertido en un importante reclamo turístico y millones de personas han posado junto a ella. Si buscas “Estación de Shibuya” en Instragram, te saldrán muchísimas imágenes de personas que se han hecho fotos con ella.

Muerte y más reconocimiento

Hachiko murió, físicamente, el día 8 de marzo de 1935 a la edad de 12 años, después de haber estado yendo a la estación durante 10. Digo “físicamente” porque en realidad Hachiko nunca murió.

Siempre quedó en la memoria de todo el mundo.

La estatua, el reconocimiento que le dedicaron varios museos, el monumento que le hicieron junto a la tumba de su dueño, obras de arte… todo eso contribuyó enormemente a que el recuerdo de Hachi nunca muriera.

Hachiko Museo

Y eso que ya ha pasado más de 80 años desde que Hachiko se fuera.

La leyenda continúa: Películas y libros

Películas

Si quieres llorar durante más de una hora, te recomiendo que veas alguna de las películas que han hecho sobre él.

Las dos más famosas son la americana, cuyo título en español es “Siempre a tu lado”, protagonizada por Richard Gere y Joan Allen (y el perrito, claro está), y la japonesa, llamada Hachikō Monogatari. La primera es del 2009 y la segunda, mucho anterior, del 1987.

Aquí te dejo el tráiler de la versión americana:

 

Y aquí un enlace por si quieres comprar la película .

Libros

Hay muchos libros dedicados a Hachiko, pero te voy a recomendar uno, escrito por Lluís Prats Martínez: Hachiko – El perro que esperaba.

Este libro es especialmente interesante para los niños, ya que la historia es preciosa, está redactado de manera sencilla y, además, las ilustraciones son geniales.

Conclusión

Hay quien dice que esto fue una muestra del incondicional amor de los perros hacia sus dueños. Que Hachiko lo echaba tanto de menos que, triste, siempre iba a esperarle con la esperanza de que volviera.

Otros creen que, aunque esperaba siempre encontrar a Eizaburo en la estación, en realidad no se sentía triste. Simplemente iba, esperaba, y se volvía. Éstos creen, además, que seguía yendo porque la gente le trataba muy bien.

Por último, hay personas que piensan que fue, simplemente, una costumbre que el perro no fue capaz de eliminar de su interior. Es decir, que en realidad no esperaba a nadie. Era algo mecánico y rutinario.

Personalmente, me quedo con la primera opción.

¿Y tú, con cuál te quedarías?

Sea lo que sea, Hachiko se ha convertido en un símbolo universal de la relación tan especial que tienen algunos animales con sus dueños… ¿o debería decir amigos?

Estas historias deberían servir de inspiración para hacer de este mundo un lugar mejor, no sólo para los animales, sino también para nosotros mismos.

Perro de la raza Akita Inu

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here