Algunas personas piensan que el ser humano es el único animal que engaña a otros individuos.

Sin embargo, esto no es así y ya se ha demostrado que algunos animales son capaces de engañar a otros para sacar un beneficio.

Y el perro no iba a ser menos.

Por ejemplo, un perro puede lanzar una falsa alarma para que otro deje su lugar y así quitárselo.

Quien se fue a Sevilla, perdió su silla (es un dicho español, por si eres de Sudamérica).

Pastor alemán gracioso

Pero… el mejor amigo del ser humano, ese animal fiel y leal… ¿también engañará a las personas?

Pues , y eso es lo que ha comprobado un estudio llevado a cabo por la Universidad de Zurich, en Suiza.

Y es que, cuando hay comida y premios de por medio, la amistad pasa a un segundo plano.

¿Cómo demostraron que los perros podían engañar a las personas?

Para entender el experimento, primero hay que conocer los elementos que formaban parte del estudio: los perros y sus dueños, tres cajas y dos ayudantes.

En las tres cajas podía haber: una salchicha (que a los perros les encanta), pienso (que no les gusta tanto), o nada.

Salchicha

Los dos ayudantes tenían papeles distintos: uno, el llamado cooperador, daba al perro el contenido de la caja que elegía el animal, y el otro, el competidor, se lo guardaba en el bolsillo y no se lo daba.

La primera parte del experimento, antes del test principal, pretendía que el perro aprendiera bien el papel de estos ayudantes (cada uno tenía siempre el mismo rol).

Explicando la prueba principal del estudio se entenderá mucho mejor lo que te acabo de decir.

Los investigadores pusieron estas tres cajas en la zona del experimento.

El dueño llevaba entonces el perro hacia las tres cajas (estando las otras dos personas escondidas), y le enseñaba su contenido.

Así, el perro podía ver qué había en el interior de cada caja.

Después de esto, el propietario le cedía el perro a uno de los otros dos ayudantes, y se escondía.

Una vez el ayudante tenía el perro y se encontraban de nuevo en la zona del experimento, lo dejaba libre para que lo guiara hacia una de las tres cajas.

Esta persona, entonces, le daba el contenido al animal si era el cooperante, o se la quedaba si era el competidor.

Pasara lo que pasara, el ayudante dejaba la caja en la misma posición y devolvía la mascota a su propietario.

El dueño volvía entonces a la zona del experimento y le decía al perro que lo llevara hasta una caja.

El animal lo llevaba entonces a una de ellas y, si no estaba vacía, el propietario le daba el contenido.

De esta forma, el perro siempre tenía la posibilidad de conseguir lo que había dentro de la caja, ya fuera porque se lo diera el cooperador, o porque se lo diera después el dueño.

Todo esto se repitió dos veces con el cooperador y dos veces con el competidor, alternando ambos ayudantes.

Engañar o no engañar, esa es la cuestión

Como ves, el perro tiene que decidir en el momento qué hacer.

Vamos a ponernos en la piel del animal y pensar qué haríamos nosotros en las situaciones que he descrito.

Imaginate que…

… el cooperante es el que tiene el perro:

Si fuéramos el perro, pensaríamos algo así:

¡Anda, mira! Esta es la persona que me da la comida que hay dentro de la caja que elijo. Qué ganas tengo de probar esa salchicha de nuevo… A ver si me vuelve a decir que lo lleve a la caja para que me dé el premio.

… el competidor es el que tiene el perro:

En este caso, más bien pensaríamos:

Uf, ya está este aquí… Cada vez que elijo la caja de la salchicha se la queda y se va.

Aunque, pensándolo bien, después viene mi querido dueño y me da el contenido de la caja que elijo… Esto me da que pensar.

¿Por que no engaño al primero? Le enseño la caja que está vacía o la del pienso ese malo que me han puesto, y así luego le muestro la caja de la salchicha a mi dueño para que me la dé… Sí, creo que eso dará resultado.

El perro debe tomar decisiones

Esto es lo que pensaríamos cualquiera de nosotros en su situación, ¿verdad?

Pues bien, eso es precisamente lo que ocurrió.

Se demostró que, cuando el cooperante le decía que escogiera la caja, el perro elegía, en la mayoría de los casos, aquella que contenía la salchicha.

Sin embargo, cuando este ayudante era el competidor, el perro elegía la caja vacía o la del pienso en la mayoría de ocasiones.

Así después, cuando venía el dueño, obtenía su maravillosa salchicha.

¿Qué significa todo esto?

Significa que el perro, en el momento que tiene que elegir la caja, piensa en las consecuencias de lo que hace.

Es decir, es capaz de prever el resultado de su acción.

No sólo eso, además de pensar en las consecuencias, el animal puede actuar en contra de lo que él querría (elegir la salchicha), engañando así al ayudante competidor, para así quedarse después con su ansiado premio.

Puede que para nosotros sea algo obvio, pero no para un animal.

De hecho, esto ya se ha estudiado con otros animales, sobre todo en primates, con resultados un poco distintos.

¿Sabes de qué se sorprendieron los investigadores al comparar los resultados de este estudio con los de los primates?

Que los perros se daban cuenta de las intenciones de los humanos muchísimo más rápido que los simios.

Los perros nos conocen mejor que los simios

¿Significa eso que los perros son más inteligentes que los primates? No. Para nada. Lo que significa es que los primeros nos tienen “calaos”.

Han vivido tanto tiempo con nosotros que ya tienen una idea de cómo somos.

En cambio, los primates han tenido mucho menos contacto con los humanos y no conocen tanto nuestras intenciones.

En otras palabras, la experiencia previa de los animales es fundamental para que éstos sean capaces prever nuestras acciones.

Conclusiones

El estudio es muy interesante porque demuestra que los perros son capaces (en parte) de entender a los humanos y sus motivaciones.

Pese a que se necesitan aún muchos más estudios para conocer el pensamiento de los perros, este tipo de experimentos proporciona información valiosísima sobre los procesos mentales de estos animales.

Entender cómo piensan los perros es clave para poder idear entrenamientos de comportamiento mucho más efectivos para solucionar los problemas más comunes a los que se enfrentan los educadores caninos o los etólogos.

 

Hasta aquí lo que te quería explicar de este artículo tan interesante.

¡Espero que te haya gustado!

Si es así, como siempre digo, compártelo en las redes sociales, que sólo con eso ya me estarás ayudando mucho 😉.

¡Hasta pronto!

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